Cómo empecé mi taller de artesanía en una casa de 1892
Hay casas que parecen esperar a alguien. La nuestra llevaba esperando más 40 años.
Cuando mi pareja heredó la casa de su familia —una casa señorial de 1892, con jardín y mucha historia entre sus paredes— sabíamos que nos esperaba un proyecto grande. Y así fue: un año entero de reforma, de esos en los que cada habitación abierta descubre una sorpresa, y cada sorpresa se convierte en una tarea más.
Pero donde otros ven solo trabajo, yo vi también una oportunidad.
El taller que llevaba esperando años
De joven me formé como carpintero, aunque nunca llegué a trabajar en ello de forma profesional. Aun así, la madera y la artesanía siempre han sido una parte importante de mi vida. Con los años, esa parte quedó un poco aparcada, entre otras obligaciones y otro trabajo.
La casa tiene espacio de sobra, y en una reforma siempre hay algo por hacer: un mueble que falta, una puerta que ajustar, una solución que nadie más se para a pensar. Así que aproveché la ocasión para montar de nuevo mi propio taller. Todo empezó con la idea de hacer los muebles para la cocina de la casa recién renovada y otros apaños, pero ese proyecto despertó algo más: las ganas de volver a crear con las manos, de dar forma a piezas útiles y bonitas.
Dos cocinas, un mismo reto
La casa tiene una particularidad que me ha dado mucho trabajo, en el buen sentido: hay dos cocinas de obra. En la planta baja, la que va a ser la cocina de verano, pensada para los meses de más calor. Y en el primer piso, la cocina principal, la que usamos en el día a día.
Ambas necesitaban gavetas y puertas hechas a medida, ajustadas a cada hueco de obra —nada de medidas estándar aquí—. Ahora mismo es justo en lo que estoy: diseñando y construyendo los cajones y las puertas para las dos cocinas, pieza a pieza, probando encajes, ajustando bisagras, buscando que cada detalle funcione bien y se vea bien.
Y además, los muebles que esperan una segunda vida
Como en toda casa antigua, no faltan los muebles heredados: piezas con años, con historia, algunas con la madera cansada y otras simplemente olvidadas en un rincón. Poco a poco iré restaurándolos también, devolviéndoles algo de su carácter original o dándoles un nuevo uso.
Por qué este blog
Quiero usar este espacio para contar el proceso: los proyectos en los que trabajo, los aciertos y también los errores (que enseñan más que los aciertos, la verdad), las herramientas que uso, las decisiones detrás de cada pieza. Con el tiempo iré compartiendo también algunos planos de construcción de forma gratuita, por si a alguien le apetece animarse a hacer algo parecido en su propio taller.
Esto no ha hecho más que empezar. Bienvenido al taller.










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